Julio 2014
TRAS LAS TABLAS
Por Vanesa Kandel

Ocho músicos integrantes de la orquesta de cámara de un teatro municipal se disponen a ensayar una pieza de Dmitri Shostakóvich con la expectativa de tocarla ante dos programadores extranjeros que, de aprobar la función, los contratarían para una gira internacional.
A este grupo inicial se le suma un joven solista invitado, argentino exitoso radicado desde hace años en Alemania, que ha borrado de su memoria varias palabras importantes del español y observa el empobrecido ambiente local con subrayada extrañeza y un desdén educado; le sigue un viejo director de orquesta convocado para la ocasión, de aspecto y modales groseros, poco confiable y, sin embargo, eficaz a la hora de disciplinar al grupo y cohesionarlo para el trabajo; y por último el guardia de seguridad del teatro, quien, bajo su gris uniforme policial, también reclama reconocimiento para su sensibilidad estética, mira de soslayo a esos artistas que lo ignoran –cuando no lo desprecian– y se emociona escuchando un aria de Puccini mientras acomoda el desorden que queda en la sala luego del ensayo.
¡Llegó la música! cuenta la historia de una ilusión, o dos. Para los músicos locales, la expectativa que suscita la audición con los extranjeros es enorme y suficiente para trastornar su cotidianidad: los problemas de siempre siguen pesando –las malas condiciones laborales, la plata que no alcanza, los sueños que no se cumplen, la cumbia que perfora los oídos…– pero ahora se mezclan con esa ilusión que crece y crece hasta el desborde, generando situaciones desopilantes, por momentos excesivas pero siempre divertidas y, sobre todo, muy bien sostenidas por la destacable labor de los actores.
Paradójicamente, el único momento en que la euforia cede es cuando los músicos, hipnotizados por la arenga verbosa del director, se someten al rigor de la partitura y ejecutan la obra de Shostakóvich. Entonces sí, a pura mímica, con una expresividad conmovedora, se entregan en silencio a la única ilusión posible: la ilusión del arte. Seguros y sublimes. Hasta el gesto final.









