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 8 de abril de  2026
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Antonio Berni: arte y compromiso

Antonio Berni: arte y compromiso

Se cumplen hoy 120 años del nacimiento de Antonio Berni, uno de los pintores argentinos más importante del siglo XX. Su obra, como luz imperecedera, continúa alumbrando la realidad social argentina.

Antonio Berni inició su formación artística de niño en un taller de vitrales para continuar luego en el Centro Catalá con clases de dibujo. Pertenecía a una familia trabajadora afincada en Rosario. Esta ciudad, a principios del siglo XX, se perfilaba como una urbe no menos cosmopolita que Buenos Aires. Al estar radicado en la provincia de Santa Fe, desde sus años juveniles conoció a la clase de los chacareros, ya que aquella fue la provincia colonizadora por excelencia.

Al principio y practicando una pintura al aire libre, realizó paisajes que tenían un matiz naturalista. En 1921 participa en el Salón de Otoño de Rosario y, años más tarde, en 1924, encontramos obra suya en el Salón Nacional de Bellas Artes.

En 1925 es becado por el Jockey Club de Rosario para viajar y estudiar en Europa. Primero estuvo en Madrid, luego en París y finalmente en ciudades de Italia.

En España, como señala el investigador Roberto Amigo, “encontró tres líneas complementarias expresadas en las pinturas de El Greco, Goya y Velázquez, que ejemplificaban cualidades esenciales: trascendencia, lucha del pueblo, virtuosidad realista”. En París conoce el cubismo, el surrealismo y lo que sería el movimiento del “retorno al orden” después de la eclosión de las vanguardias. Italia lo esperaba con las maravillas de su arte clásico y neoclásico. Está así en contacto con artistas que ejercieron influencia y predominio en la historia del arte occidental.

En 1930 regresó a la Argentina. Lo hizo en un momento muy particular. Es el año en que se desencadenó la crisis económica y política que puso punto final al desarrollo capitalista agroexportador que había caracterizado el crecimiento del país desde 1880. La crisis trajo sus secuelas de desocupación, caídas de los salarios reales y quiebra de las economías chacareras. Berni era para entonces un militante activo del Partido Comunista y sostendrá la necesidad de un arte políticamente comprometido con las luchas obreras y populares, oponiéndose a quienes, desde posiciones formalistas, defendían “el arte por el arte”. También sostendrá la imposibilidad de desarrollar un arte público político en el país tal como se había desarrollado en México. Los pintores argentinos, a diferencia de los mexicanos, quienes habían experimentado una revolución que había propiciado las condiciones para el muralismo, no tenían las paredes a su disposición.

No obstante, Berni desarrollará una pintura de grandes dimensiones y alto contenido social. Son los años en que pinta Manifestación, Desocupados y Chacareros. Estas tres obras se inscriben en el realismo social. “El nuevo realismo debía ser testimonio de la realidad latinoamericana, diferenciarse del verismo del realismo socialista y ser la expresión del humanismo trascendente”, reflexiona Amigo.

En 1936 viaja por las provincias del norte argentino y en 1942 por los países andinos. Esta experiencia le permitirá conocer la América profunda, a su campesinado indígena, a sus tradiciones, creencias y realidades, como así también al arte hispano-colonial, al arte donde se mixturó lo indígena con lo español. Poco después pinta, junto a Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiros, los murales de las Galerías Pacífico. En 1950 desarrolla la serie de pinturas que representan al pueblo de Santiago del Estero. En ellas representa la miseria, la explotación en los obrajes y la expulsión de población trabajadora.

Pasan los años. En 1965, a través de su personaje Juanito Laguna, se encuentra nuevamente con el niño de Santiago del Estero, cuya familia ha tenido que emigrar a la gran ciudad, a Buenos Aires, para recalar en una villa miseria. A través de Juanito Laguna se representó a los miles de provincianos que emigran por falta de trabajo para reproducir y ampliar la miseria. Y con Ramona Montiel, otra creación suya, representa a la mujer cercenada por la sociedad de consumo que ha caído en la prostitución para satisfacer las demandad sexuales de los millonarios, los obispos y los coroneles. Es Ramona, simplemente, la carne puesta al servicio de la plutocracia.

En 1976, con el golpe de Estado, se inicia la página más negra de la historia argentina y Berni, en 1979, ya dejaba testimonio con su arte de la brutal represión del régimen militar. Y lo hacía, como indica Amigo, “a la vez que recuperaba la fuerza trascendente de sus obras, en los murales para la Capilla del Instituto San Luis Gonzaga de Las Heras, con Apocalipsis y La crucifixión”.

El pintor, que sigue produciendo obras hasta sus últimos días, muere en Buenos Aires el 13 de octubre de 1981.

Veremos algunas de sus obras:

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Desocupados, 1934.

Aquí nos encontramos con una temática social, con una realidad social contundente: la desocupación. Un grupo de obreros con las cabezas agachadas; algunos de ellos durmiendo el cansancio de buscar un trabajo que no llega. Uno con las manos cruzadas, fija la vista en un suelo apesadumbrado. Una mujer, con un hijo en brazos, mira un horizonte de angustias, porque no hay trabajo. El contratista, trajeado y durmiendo, es el capital paralizado. Realidad de un ayer, pero también de un hoy; pasado histórico y tiempo actual. Desocupados se levanta denunciando una cruda realidad para las familias obreras: un trabajo que se pierde con cada crisis del capital.

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Manifestación, 1934.

“Pan y Trabajo”, tal la leyenda de la pancarta enarbolada por la manifestación obrera. Una pintura que nos hace recordar el Sin Pan y Sin Trabajo de Ernesto de la Cárcova. Una reivindicación sencilla: la de tener trabajo y pan para comer. Y los rostros de los obreros, curtidos por el sol, con sus ojos abiertos, mirando y reclamando, quizás al cielo, que sin pan no se puede vivir. Manifestación nos está diciendo que el pan es imprescindible en la vida del hombre, fijando una realidad donde toda la palabra de Dios, carece de sentido, de vida, de satisfacción, si es que queremos contraponer la consigna “Pan y Trabajo” a la conocida tentación del desierto “no solo de pan vive el hombre sino de toda la palabra de Dios”.

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Chacareros, 1935.

El campo, tal el nombre del periódico que se encuentra sobre la mesa. Un campo que no es el de los miembros de la Sociedad Rural; un campo que se nos revela como el de múltiples familias que trabajan la tierra. Allí está la mujer con el niño en el regazo, cual si fuese una Virgen María que, con su mirada, reclama justicia; un chacarero, montado en un caballo grisáceo, revelando los matices contradictorios de la vida (tal el simbolismo del gris). Sentados y parados, estos chacareros son el campo. Un campo en crisis desde 1930, un campo de quiebras y ruinas para las economías de los pequeños productores. Este trabajo de Berni nos pone en relación con ese sujeto social tan importante que fue el inmigrante colono que pobló y trabajó el campo santafecino. El arco expresa cierta visión clásica del problema agrario: el de miles de familias campesinas que no pueden conservar la propiedad de sus tierras en el momento de la crisis de los años 30. Se torna explícita la lucha de los “campesinos” dándole a la pintura un contenido revolucionario.

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Medianoche en el mundo, 1937, 1938-1940.

Un cielo negro; una “Piedad” en la parte inferior; un farol que ilumina con su luz blanca los rostros de este grupo de mujeres desesperadas ante una realidad donde domina la muerte. 1937: años de la guerra civil española, años de ascenso del fascismo, años en que Hitler desencadena la Segunda Guerra Mundial, la mayor tragedia del siglo XX. Esa mujer que tapa sus oídos para no escuchar el rugir de los aviones que tal vez ve con su mirada dirigida hacia lo alto; otra mujer, que llora desconsoladamente, ante una guerra que consume vidas; una mujer, con vestidura azul, apesadumbrada por la muerte de su hijo –alegoría del motivo de La piedad, de la Virgen que llora la muerte de Jesús– es el pesar de las madres, de las tantas madres, que lloran la muerte de sus hijos en las guerras; unas niñas que miran ¿acaso al futuro? ¿acaso al presente de sus madres desesperadas? Allí están también, en un recuadro, los cadáveres diciéndonos: la guerra es muerte,

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Ramona y el Viejo, 1962.

Ramona, la mujer que ha caído en la prostitución, que vende su cuerpo, en este caso a un viejo. Parece como si Ramona fuera un mecano, un juego para armar, toda ella encaja en estas piezas mecánicas, como burla mecanizada del amor verdadero. Subraya el cuerpo de Ramona: los pechos, la cadera, las piernas, vale decir, el cuerpo en venta. Es la mujer reducida a objeto sexual, a objeto de las ansias de un viejo, del que ni siquiera podemos adivinar su rostro, porque es el anónimo mercader que ha comprado el cuerpo de una mujer.

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Retrato de Juanito Laguna, 1961.

Representa a Juanito, ese niño villero, ese niño cuya familia ha emigrado a la gran ciudad. Es un emigrar que ha desfigurado el rostro de Juanito. Ha sido arrancado de su esencia, de su tierra natal, de sus campos santiagueños y trasladado compulsivamente a una ciudad que lo arrincona en una villa miseria, lo margina y lo explota. Esa dentadura simiesca, esos ojos desorbitados, esa nariz triangulizada, ese cabello negro, configuran un rostro deforme. Es la deformidad que la gran ciudad le impone a los miles de provincianos que, por falta de trabajo en su Tierra Madre, emigran a “la cabeza de Goliat” que los arrincona en la miseria de una villa.

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Pesadilla de los Injustos, 1961.

Son los años posteriores a la “Revolución Libertadora”. Los mecanos de los oligarcas, de los militares golpistas. Parecen deglutir, querer contener la rabia del pueblo. Sus ojos, sus muecas, la deformidad de sus piernas, el fuego rojo del que cuelgan sus rostros invertidos; el frio esquematismo de la representación, la negrura intermedia, pies y ruedas que se aferran; todo ello revela la existencia de una clase dominante condenada por la historia. Es la realidad de los injustos que han impuesto su pesadilla a una sociedad inerme, obligada a soñar su horror.

Fuentes consultadas:

Amigo, Roberto (20111). Grandes Pinturas del Museo Nacional de Bellas Artes: Antonio Berni. Buenos Aires, Clarín-MNBA.

AAVV (2005). Berni y sus contemporáneos. Buenos Aires, MALBA.

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