28 de julio de 2010

EN EL CAMINO DEL TANGO

Del Río de la Plata al Mar Negro

 

Por Haydée Breslav

En el salón Nicolás Olivari de la Academia Porteña del Lunfardo tuvo lugar la presentación del libro El tango y los judíos de Europa oriental, de José Judkovski.

La apertura estuvo a cargo del prosecretario de la Academia, Marcelo Oliveri, quien comenzó por excusar al presidente, José Gobello, cuya avanzada edad, dijo, le desaconsejaba salir a exponerse a las inclemencias climáticas del momento.
Seguidamente, anunció que en la sesión académica del primer sábado de este mes se había votado la incorporación de Judkovsky como flamante miembro de la entidad, “por todo lo que dio en el tango y seguirá dando”, y añadió: “Es una persona de espíritu noble, y esas son las que nos gusta tener en esta Academia”.
A continuación, subrayó: “La Academia está en su año número 48, y todos los hombres que han pasado por esta casa desde hace casi 50 años son gente que ama lo que hace sin pedir nada a cambio; como dice siempre Gobello, esta es una especie de Senado cultural”.

Un bello poema
A continuación, Roberto Selles leyó un bello y emotivo poema dedicado a Judkovski y escrito especialmente para la ocasión, del cual transcribimos un fragmento: “En tu barrio o el mío / hubo una vieja radio fatigada / que disparaba las notas de Dajos Bela –llamado León Golzman y muerto en estos pagos– / o algún tango perfumado a yuyo de Pompeya / que escribió Juan Pueblito, es decir, Noiaj Scolnik / –titulado quizá Llamada de amor porteño– / y ambos seguramente le poníamos oreja / en un mismo instante y sin habernos visto nunca. / Son dos barrios y al fin un mismo barrio / como uno es el tango como uno el abrazo que nos hermana / o la sangre inmigrante que llevamos los dos / no importa cuántos barcos si al fin el mar es uno solo”.

El idish con el gotán
A su turno, Saúl Drajer, presidente de la Fundación IWO –que, junto con la Academia, editó el libro–, definió en primer término a aquella como “una entidad laica cuyo objetivo es el desarrollo de la cultura judía, en particular la nacida en el centro de Europa, con el idish como herramienta y con puntual interés en la creación judeo-argentina”.
Informó que “el IWO posee la mayor biblioteca judaica de América latina” y “una pinacoteca en la que ocupa un destacado lugar la producción de don León Untroib”, así como “también una fonoteca y colección de partituras”, entre las que se halla “un número de tangos con letras en idish, serias y paródicas”.
A tono con el lugar en que se encontraba, manifestó después que “el IWO puede y debe ocuparse también del lunfardo, de su lunfardo”. En ese sentido, dijo que “todo lugar que se precie de serio, además del lenguaje culto, desarrolla una forma coloquial de parla” y que “el idish no fue la excepción, y desde su inicio, allá por el año 1000 de nuestra era, coexiste con distintas formas coloquiales”.
Por último, y refiriéndose al libro que estaba presentando, expresó que “en la marcha del tango, la expansión hacia el Este europeo ha sido una aventura que generó derivaciones insospechadas” y que “de esta historia y del entrecruzamiento del idish con el gotán, José hizo una construcción fundamental, entretenida y reflexiva”, en la que “se anima al paralelismo de culturas, saliendo airoso del desafío”.

Los judíos de Europa
Por su parte, el autor inició su extensa intervención hablando de sus dos libros anteriores; después, contó que la idea para el tercero había surgido de la lectura de un trabajo del investigador polaco Jerzy Placzkiewicz, titulado precisamente El tango en Polonia. 1913-1939. “Esencialmente, la nota dice que el tango llegó a Polonia desde Occidente, a través de los discos y los rumores de los diarios y la radio”, precisó.
Agregó que, según ese estudio, “a partir de 1920 el tango tiene una presencia absoluta durante más de  20 años”, y acotó: “En un parrafito chiquito dice, como al pasar, que la mayoría de los autores, compositores e intérpretes eran de origen judío”.
Seguramente expuso su opinión en el sentido de que “el tango llegó a Europa en general, y a Europa oriental, mucho antes de la avanzada del matrimonio Gobbi, allá por 1907, 1908”. Y fundó su apreciación en un artículo aparecido en el diario El Nacional en 1882, según el cual tratantes de blancas de los puertos de Buenos Aires, Rosario y Montevideo se daban cita en el de Marsella para reunir allí a sus jóvenes víctimas y embarcarlas hacia estas latitudes. “Por supuesto que en esos grupos de gente había judíos”, afirmó.
Y enunció su teoría: “Estos hombres de la mala vida de origen judío que conocían los sectores de la mala vida de aquí, y por consiguiente el incipiente tango de las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del XX, no se quedaban solamente en Marsella, se iban hasta Europa oriental para conquistar a las que aquí se conocían como las polaquitas”.
Desde otro punto de vista, consideró que “los judíos de Europa no tenían ninguna soberanía, y por lo tanto estaban capacitados para poder ser representados por códigos culturales, musicales y de otras disciplinas que pudieran justificar de alguna manera el desencanto, la tristeza y el desamparo”. Y destacó: “El tango no es judío, pero una vez que ellos lo adoptaron, forma parte del judaísmo”.
Después de hacer varias lecturas comparadas entre textos de distintos escritores en idish y letras de tango, manifestó: “En los escritores idishistas fui descubriendo que son cofrades de nuestros Nicolás Olivari, Dante A. Linyera, Discépolo, Homero Expósito, Homero Manzi, Bernardo Cordón, Cátulo Castillo; en esa mesa imaginaria de café podrían sentarse perfectamente unos y otros”.