22 de julio de 2010

A LOS 10 AÑOS DE TEATRO POR LA IDENTIDAD

Cantos de vida y esperanza

 

Por Haydée Breslav

En el Centro Cultural Resurgimiento, ubicado en la calle Artigas 2252, se realizó el 18 de julio la Peña por la Identidad, con la que el Teatro por la Identidad inició el ciclo de actividades organizado para celebrar el décimo aniversario de su creación.

Nuestro amigo Pedro Gaeta, de fecunda y reconocida trayectoria como artista plástico y humanista, sólo reclama para sí el título de provocador de encuentros. Y no es poca cosa suscitar vínculos; felices, claro está, que de los otros cualquiera puede. Esto viene a cuento porque también Arturo Bonín merece ese título, dado que se le debe la relación entre Teatro por la Identidad y Resurgimiento, cuyo escenario eligió esa derivación artística de Abuelas de Plaza de Mayo para desarrollar la peña con que inauguró el ciclo de actividades conmemorativas de su décimo aniversario.
Y allí en la sala estuvo Bonín, junto a Beatriz Spelzini, en esa noche que recordaba a un tango de Cadícamo, pero que dejó de lado el hastío –el frío, del todo no se pudo– para recibir a los integrantes de la Peña por la Identidad.
Las emotivas palabras de apertura estuvieron a cargo de Mónica Scandizzo, de la comisión de dirección de Teatro por la Identidad, quien destacó la labor llevada a cabo por las Abuelas y señaló que “la única manera de lograr aquello que parece imposible es hacerlo entre todos, juntos, solidarios y unidos”, y enfatizó: “Así, juntos, lo imposible es que no sigamos adelante, lo imposible es que no encontremos los nietos que seguimos buscando”.
Después de puntualizar que se trataba de la primera vez que se organizaba una Peña por la Identidad, presentó a la cantante Luciana Sánchez quien, con la participación de Luis Pérez en guitarra, interpretó varias piezas de nuestro folclore e incursionó también en el venezolano.
Seguidamente se presentó Inés Rinaldi, quien abordó clásicos como Tonada del viejo amor, de Falú y Dávalos, y La añera, de Yupanqui, con un estilo interpretativo muy similar al de su famosa hermana. La acompañó en guitarra Juan Carlos Cuacci, uno de los actuales directores de la Orquesta del Tango de Buenos Aires, quien también cantó.
A continuación, Sara Mamani reveló su talento como autora e intérprete de ritmos del Altiplano, ejecutando la guitarra y el charango y cantando en español y en quechua. La acompañó un conjunto integrado por Adriana Leguizamón en acordeón, Violeta Bernusconi en violín y Mariana Mariñelarena en percusión, que logró una peculiar sonoridad.
Por su parte, Facundo Ramírez mostró su profesionalismo en una suerte de breve unipersonal donde bromeó, leyó a Gelman, citó a Gandhi y, (muy bien) acompañado en guitarra por Fabián Leandro, entonó nuevas canciones, con letras de marcado contenido social, pertenecientes a su último disco. Resultó particularmente atrayente, por la originalidad de su temática y el acierto de su resolución, Angelito arcabucero, un aire de chacarera de su autoría.
La última intérprete vocal, Claudia Madeo, desarrolló un largo periplo cancionístico por el NEA, el NOA, Cuyo y el Litoral, en el que tuvo como acompañante en guitarra a Jorge Trejo.
El cierre del espectáculo fue confiado a los jóvenes bailarines Agustina Vigil y Hernán Nocione, quienes ofrecieron personales versiones de la zamba y de la chacarera.
Lamentablemente, la peña no incluyó cultores de un cancionero tan representativo de nuestra identidad como el surero.
Por último, Patricia Ianigro, también de la comisión de dirección de Teatro por la Identidad, y después de los agradecimientos de rigor, habló de la continuidad en la lucha “para que todos y cada uno puedan encontrar su verdad”.