25 de agosto de 2010 

NUEVO CONCIERTO DE FESTIVALES MUSICALES DE BUENOS AIRES

Con toque magistral

 

Por Víctor Pais

Con la participación en carácter de solista del tenor Sebastian Brouwer, el pasado 21 de agosto tuvo lugar el 4º concierto del Ciclo 2010 de Festivales Musicales de Buenos Aires, auspiciado por la Fundación Szterenfeld, en la Iglesia Metodista Central.


La presencia casi en simultáneo de Baremboim en el Colón hacía arriesgado el pronóstico de que el 4º concierto del Ciclo 2010 de Festivales Musicales de Buenos Aires en la Iglesia Metodista Central (Rivadavia 4050) contara con su numeroso público habitual. Sin embargo, los aficionados a estos encuentros, que tienen como alma máter al director y organista Mario Videla, respondieron como lo hacen normalmente.
Sin pasar por alto la excelencia a la que nos tienen acostumbrados los músicos que conforman la orquesta estable de la Academia Bach, la propuesta incluía en esta ocasión dos participaciones especiales: la del tenor Sebastían Brouwer, cuya voz resonó y descolló en buena parte del programa, y la del Coro Trilce, que dirige Néstor Andrenacci y que intervino en el coral con el que culmina la pieza que lo cerraba: la cantata “Yo, pobre hombre, esclavo del pecado” (BWV 55), de Johann Sebastian Bach.
El encuentro comenzó con las palabras iniciales de Videla, quien se refirió brevemente a los tres compositores de las obras, y, a la “composición severa, arcaica, al estilo antiguo” de la primera. Enseguida, los músicos afinaron sus instrumentos y la belleza del Adagio y fuga en re menor de Wilhelm Friedemann Bach irrumpió en la sala cautivando a los espectadores.
Una vez finalizada esta obra y tras otra breve intervención de Videla en su faceta de divulgador, en la que señaló que las dos arias religiosas de Georg Melchior Hoffmann que iban a ejecutarse estaban, hasta hace pocos años, atribuidas a la autoría de Bach, los músicos, ahora con la compañía del dúctil y prestigioso tenor, volvieron a deleitar a la concurrencia.
Y así el concierto llegó al final y plato fuerte de su propuesta: la envolvente y enérgica cantata que Bach compuso para el segundo domingo después de la Trinidad, también precedida de la ilustrativa glosa del director y del breve “taller musical” con el que éste hizo cantar al público.
 
 
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