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22 de agosto de 2010 DESTACADOS CANTORES JÓVENES EN LOS 36 BILLARES Tres para el tango  Por Haydée Breslav El espectáculo Tango a tres bandas, que se ofrece los miércoles de agosto en el bar Los 36 billares, de la Avenida de Mayo 1265, reúne a tres destacados cantores jóvenes, quienes interpretan un repertorio representativo de distintas facetas y etapas del género.
Son frecuentes entre los aficionados al tango los comentarios elogiosos sobre los actuales músicos, que por lo general no se extienden a bailarines y a cantantes. Con respecto a estos últimos, se observa que muchos y muchas –empleamos a propósito el doble género– hacen caso omiso de las sabias enseñanzas que, a partir de Gardel, impartieron con el ejemplo –y en el caso de Rivero, también con un libro– los grandes cantores. Valga esta introducción para explicar por qué fue tan grato asistir a un espectáculo en el que confluyen tres notables cantores jóvenes como Esteban Riera, Jesús Hidalgo y Hernán Genovese. El espectáculo abre con Yo soy el tango, de Domingo Federico y Homero Expósito, cantado por los tres; de ahí en adelante, el espectador podrá apreciar viejos y nuevos tangos, en interpretaciones que reúnen la lozanía que aporta la juventud y la solidez que proviene de la dedicación. Riera posee una amplia y clara voz de barítono, a la que suma simpatía, desenvoltura y buen dominio de escena; no es de extrañar que sus intervenciones fueran tan aplaudidas, como en el caso de Si soy así, de Lomuto y Botta, en la que hizo creíble a ese personaje de la picaresca porteña. En cuanto a Hidalgo, combina una voz profunda, con reminiscencias de cantor surero, con un natural talento interpretativo. Merece señalarse su versión de Ventarrón, de Maffia y Staffolani, por el personal fraseo, el buen gusto con que reguló el caudal de su voz y los matices expresivos; por momentos, pareció que esa historia del malevo que vuelve convertido en un pobre cristo se la estaba dictando el duende. Pero este últimamente se ha vuelto tan esquivo, y son tan esporádicas y fugaces sus apariciones, que hasta se duda en mencionar su presencia por miedo a ahuyentarlo. Por su parte, Genovese exhibe una técnica impecable y un estilo propio que tiene la sobriedad y la reciedumbre de los arquetipos del género. Se lució en Barajando, de Vaccaro y Méndez, uno de sus éxitos, y a continuación anunció que cantaría “el tango de los tangos”. La última curda es uno de esos momentos excepcionales del género, en el que Pichuco –aquí junto a Cátulo– logra abolir la frontera entre la música y la poesía; son conocidas las versiones de Rivero –su creador– y de Goyeneche, que se consideran paradigmáticas. Sin embargo, este tango ha corrido la misma suerte que en otros tiempos sufrieron tantos hermosos poemas, destrozados por malos recitadores. No sabemos por qué, pero el hecho es que son muchos los malos cantantes que se han ensañado con este tango, a riesgo de convertirlo en un tema trillado y de banalizar su significado. Pero Genovese hizo una verdadera recreación, en la que puso inteligencia, convicción y dramatismo contenido. Fueron muy celebrados, asimismo, los dúos que formaron para cantar encantadores versos tradicionales, como El viejo vals, de Charlo y González Castillo, interpretado por Riera y Genovese; Gota de lluvia, de Lipesker y Manzi, por Genovese e Hidalgo, y A unos ojos, de Montbrun Ocampo, por Hidalgo y Riera; este vals criollo creó un clima sutilmente emotivo. Y es digna de aplauso la iniciativa, no precisamente frecuente, de incorporar un bloque integrado totalmente por temas nuevos; allí se destacó, por la originalidad de la temática y el acierto de la resolución, la Milonga de los arroyos, de Saraceni y Rosales, que cantó Riera. Párrafo aparte merecen los guitarristas Joaquín Altabe, Román Bergagni y Pablo Alessia, quienes tuvieron por su parte lucido desempeño en una versión instrumental: se trató de la milonga Corralera, de Anselmo Aieta. Para el cierre, se convocó por dos veces a Manzi: la Milonga sentimental y Oro y plata (con música de Piana y de Charlo, respectivamente), cantadas por los tres, marcaron el final de esa grata noche tanguera. |