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Edición impresa junio 2010 LA CIUDAD Y EL BICENTENARIO VI El periodismo porteño en los albores del siglo XIX
Por Miguel Ruffo Vimos cómo era el casco histórico de la ciudad hace dos siglos, qué comían y bebían los porteños, cómo se vestían, cómo se divertían y cómo era el teatro; llegó nomás en la sexta entrega de esta sección, precisamente en el mes en que se celebra el día de nuestra profesión, el turno del periodismo.
“En Buenos Aires –dice Torre Revello–, como en otros lugares de América, el periodismo también tuvo sus precursores en hojas volantes o noticiosas, de las que se conocen varios ejemplares; pero el periódico en realidad no surgió sino más tarde, en los albores del siglo XIX, y junto con él se intentó fundar la Sociedad Patriótico–Literaria y Económica, merced a las iniciativas del extremeño Francisco Antonio Cabello y Mesa”. Indiquemos que éste se hallaba de paso en Buenos Aires, procedente del Perú, con licencia para trasladarse a su tierra natal y, según manifestaba al virrey, Marqués de Avilés, en el escrito que elevara el 20 de octubre de 1800, pedía licencia para publicar un periódico y fundar la Sociedad, por razones de seguridad y salud. “(...) por la escasez de buques, por el peligro de nuestros mares y, más que todo, por lo quebrantada que se halla mi salud”, escribió. El miércoles 1° de abril de 1801 apareció el primer número de El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata. Se inicia con un artículo en el que el editor señala que algunos “espíritus pusilámines, ilusos y destemplados hayan intentado por todos los medios retrasar o malograr posiblemente la publicación del periódico”; pero “el editor –continua Torre Revello– recoge el reto y a su vez desafía a quienes lo combatieron, y entretanto se dirige a los suscriptores y futuros colaboradores, y les dice: ‘Se esclarecerán vuestras antiguas y presentes glorias; y más hermosos que el sol entre las nubes, saldréis en mi Periódico, para ser admirados de todas las naciones’. A continuación se publicaba la Oda al Paraná, de Manuel José de Lavardén”. El Telégrafo Mercantil, a partir de su fundación, se publicaba dos veces por semana, los miércoles y sábados, y constaba generalmente de ocho páginas. A partir del día 4 de octubre de 1801, se publicó semanalmente, los domingos, en números de 8, 12, y aun de 16 páginas. Asimismo se publicaron suplementos, en circunstancias particulares. Cuando El Telégrafo agonizaba, Hipólito Vieytes dio a luz el segundo periódico que tuvo Buenos Aires, que se tituló Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, cuyo primer número apareció el miércoles 1° de septiembre de 1802. Semanario de Agricultura, Industria y Comercio tuvo por fundador a Juan Hipólito Vieytes y un importante colaborador fue Pedro Antonio Cerviño. El primer número data del 1º de septiembre del año 1802. El periódico se distribuía por entregas semanales en cuadernillos de ocho páginas, y tenía el mismo formato y presentación que El Telégrafo Mercantil. En 1806 fue circunstancialmente suspendido con motivo de la invasión inglesa. Dejó de aparecer el 11 de febrero de 1807. La colección se compone de 218 números, un suplemento y dos extraordinarios. Aparecía los días miércoles por la Real Imprenta de Niños Expósitos. El título del periódico nos da el tono de sus objetivos. Todos ellos se relacionan con la actividad económica, revelan preocupación por el estado productivo y comercial del Río de la Plata, estimulan el análisis de la situación mercantil y reciben en sus artículos la influencia de los fisiócratas y liberales. Correo de Comercio fue fundado por don Manuel Belgrano, que era también su redactor, y tenía como colaborador principal a don Juan Hipólito Vieytes. El primer número vio la luz el 3 de marzo de 1810 en ocho páginas de tiradas semanales. Su último número apareció el 6 de abril de 1811. La colección se compone de 58 números y 41 suplementos. Se publicaba también por la Real Imprenta de Niños Expósitos. Recordemos que Manuel Belgrano fue el primer economista rioplatense. Adhería a las ideas de la fisiocracia y el liberalismo. A fines del siglo XVIII, los fisiócratas fueron la primera escuela de economía política que trasladó el problema del origen del valor de la circulación a la producción, aunque sólo identificó como actividad productiva a la agricultura (la única que producía valor); la industria y el comercio transformaban e intercambiaban el valor generado por la agricultura. Luego la economía política liberal extenderá la formación del valor al conjunto de las actividades productivas. Gazeta de Buenos Ayres fue el primer periódico vocero de la patria naciente que se publicó después del estallido revolucionario de 1810, cuyo fundador y primer redactor fue Mariano Moreno. Comenzó a publicarse el 7 de junio de 1810 y terminó el 12 de septiembre de 1821. Aparecía semanalmente los jueves. El 5 de noviembre de 1811 tomó el cargo de redactor don Vicente Pazos Silva, quien le cambió el formato y comenzó a editarlo los martes y viernes. Se desempeñaron como redactores en distintas épocas: Manuel Alberti, Gregorio Funes, Pedro José Agrelo, Vicente Pazos Silva, Bernardo Monteagudo, Nicolás Herrera, el Padre Camilo Hernández, Julián Álvarez y Bernardo Vélez. El último redactor fue Manuel Antonio de Castro. La colección comprende 590 números, 185 extraordinarios y 53 suplementos, impresos en las imprentas de los Niños Expósitos, Independencia, Álvarez, Sol, Gandarillas y socios, y Phoción. Podemos concluir diciendo respecto del periodismo virreinal que “al promediar el siglo XVIII –tal como expresa Sánchez Zinny– estaban maduras en las colonias españolas las circunstancias que proporcionan sentido a la actividad periodística y crean su necesidad. Se daba, a la vez, la suma de requisitos que la hacen posible: la existencia de ciudades en las que se ha estabilizado cierta complejidad social como hecho propio de su naturaleza, la decantación de grupos letrados de carácter permanente con capacidad para comenzar a comportarse como público –o ‘masa de lectores’– de ese periodismo, la aparición de controversias ideológicas y de intereses contrapuestos que demandan y justifican la exposición regular de puntos de vista que actúen como respaldo de determinadas posiciones y, en fin, la disponibilidad de recursos técnicos y de mecanismos de interrelación regional que hagan posible la difusión regular de lo publicado”. Resulta evidentísimo que, a la sazón, la principal interesada en que hubiese periodismo, o algo afín, en Buenos Aires era la administración virreinal, si bien sus propósitos al respecto seguramente no eran el puro adelanto cultural de la sociedad, sino, más bien, el deseo de encuadrarlo y de darle una dirección determinada, de acuerdo con las políticas regalistas, acentuadas en virtud del entonces predominante despotismo ilustrado, uno de cuyos principios sustanciales está resumido en la divisa clásica: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Después de la Revolución de 1810 la Junta Gubernativa se encontró ante la necesidad urgente de publicitar sus actos de gobierno para afirmarse y consensuarse como poder, de allí que considerase dentro de sus prioridades la publicación de un periódico que oficiase como portavoz del gobierno. Ello dio como resultado el nacimiento de la Gazeta de Buenos Ayres. |