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 16 de octubre de  2018
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Orgullo criollo

Orgullo criollo

Se cumplen hoy cuarenta y cinco años de la muerte de Pedro Laurenz, uno de los músicos más completos de la historia de nuestro tango. Bandoneonista de excepción, creó un estilo vital, de sonoridades tan luminosas como inconfundibles.

Quien, al decir de Julio De Caro, “resumiría en una sola las escuelas de (Pedro) Maffia, (Eduardo) Arolas, Minotto (de Cicco), (Luis) Petrucelli y Carlos Marcucci”, nació en el barrio porteño de La Boca el 10 de octubre de 1902. Su apellido era Blanco; Laurenz había sido el primer esposo de su madre, y así se apellidaban sus hermanos mayores Eustaquio y Félix, destacados bandoneonistas que le inculcaron el entusiasmo por el fuelle. Y empezó a ser conocido como “el hermanito de los Laurenz”.

La etapa decareana

A los veinte años debutó en el café Au Bon Jour, de Montevideo, en el quinteto de Luis Casanova –que había tocado con Arolas– junto a su hermano Eustaquio. Nuevamente en Buenos Aires, se integró a la orquesta de Roberto Goyeneche (tío del Polaco). Estaba tocando en un café de Villa del Parque cuando lo escuchó De Caro, que buscaba un bandoneonista para incorporar a su orquesta en reemplazo de Petrucelli.

Al terminar la vuelta, don Julio ya estaba decidido; cuando le preguntó su nombre al joven, éste le dijo: “Me llamo Pedro Blanco” y le contó que era hermano de los Laurenz. Ahí nomás De Caro le hizo el ofrecimiento y le anunció: “Para no quebrar la tradición del apellido, desde ya lo bautizo profesionalmente Pedro B. Laurenz”.

Fue así como pasó a ser segundo bandoneón del gran Pedro Maffia: la sobriedad expresiva de éste contrastaba con la brillantez del joven y “por ello –apunta Roberto Selles– ambos llegaron a complementarse a la perfección”. El soberbio tango Amurado, que lleva música de los dos y letra de José De Grandis, es testimonio de esa dupla excepcional, que también grabó algunos discos ejemplares; de entre ellos, recomendamos vivamente la versión de Allá en el bajo, el hermoso tango con música de Magaldi y Noda.

Laurenz debutó en la orquesta de De Caro la Nochebuena de 1924, en El Chanteclair; la temporada en ese local tuvo entre los habitués a Pascual Contursi, Agustín Bardi, Celedonio Flores, Raúl y Enrique González Tuñón y el Malevo Muñoz (Carlos de la Púa).

Cuando Maffia se desvinculó de la orquesta, lo reemplazó Armando Blasco, “el cieguito”, quien constituyó con Laurenz, al decir de De Caro, “una comunión perfecta de sentido interpretativo y compañerismo ilimitado”.

Junto a De Caro, Laurenz participó asimismo en distintas giras por el interior y exterior del país; en 1931, en Francia, acompañó a Gardel en uno de los temas de la película Luces de Buenos Aires.

La impronta de su personalidad

El 15 de abril de 1934 debutó en el café Los 36 Billares, de la calle Corrientes, la primera orquesta de Pedro Laurenz. La integraban el propio Laurenz, Armando y Alejandro Blasco en bandoneones; José Nieso y Samy Friedentahl en violines, Vicente Sciarreta en contrabajo y Osvaldo Pugliese al piano. Todos habían integrado la orquesta de Julio De Caro, a excepción de Friedentahl y de quien todavía no era don Osvaldo; poco después, éste y Nieso se desvincularon del conjunto e ingresaron en su lugar Armando Federico y Alfredo Gobbi.

No contamos con registros de esas interpretaciones: Selles refiere que “las grabadoras etiquetaron su estilo como no comercial” y que tuvo que esperar hasta 1937 para grabar su primer disco.

Muchos y variados han sido los adjetivos usados para tratar de definir el estilo de Laurenz; nos quedamos con los elegidos por Héctor Negro: pujante y cadenero, y con la síntesis de Selles: sonido brillante y estilo canyengue. Por nuestra parte, creemos advertir que esos matices desafiantes enmascaran una recóndita tristeza; y notamos que las cualidades descriptas se corresponden con la orgullosa personalidad del porteño de entonces, si no del común, del arquetipo; ahora ni eso nos queda. No es casual que uno de los tangos emblemáticos de Laurenz, compuesto junto con De Caro, se titule precisamente Orgullo criollo.

A partir de esta primera formación, todas las que condujo –e incluso las que integró como ejecutante– llevaron la impronta de su personalidad, manifestada en el esplendor técnico y formal, la claridad de ideas, el carácter modernamente romántico, la inteligencia y buen gusto para elegir repertorio, el reconocimiento de las raíces porteñas y populares.

En su desempeño como director contó con músicos de la calidad de Rolando Gavioli, Mauricio Mise, Milo Dojman y Héctor Grané, entre otros; Alberto Podestá y Juan Carlos Casas estuvieron entre sus cantores.

Su obra autoral, de gran riqueza melódica y sólida estructura tanguera, exhibe algunos de los mejores exponentes del género: baste citar, además de los mencionados Orgullo criollo y Amurado, Mala junta (con De Caro), Mal de amores, De puro guapo, y los que llevan letra de José María Contursi: Vieja amiga, Es mejor perdonar, Como dos extraños y Milonga de mis amores.

Los tiempos difíciles

En 1958, cuando las condiciones económicas hacían imposible el mantenimiento de las orquestas típicas, fue convocado a integrar el hoy mítico Quinteto Real, junto a Horacio Salgán en piano, Enrique Mario Francini en violín, Ubaldo de Lío en guitarra y Rafael Ferro en contrabajo. Venía de un largo periodo de inactividad; en 1960 volvió a grabar después de trece años.

Sin embargo, las actuaciones del Quinteto, que continuaron durante diez años, no fueron demasiado frecuentes ni mucho menos masivas. No eran épocas propicias para el tango; la industria discográfica y los medios de difusión, especialmente la floreciente televisión, favorecían a otra clase de géneros y

de intérpretes. Cuenta Pascual Mamone: “Una vez estábamos con Laurenz en la vereda de Corrientes, él vivía al 900, y por la calle venía Leo Dan en un auto descapotable. ‘Mire, Mamone, esos son los que triunfan’, me dijo Pedro”.

En 1966 participó en el cortometraje Fuelle querido, de Mauricio Berú, en el que intervinieron también Pedro Maffia, Ciriaco Ortiz, Aníbal Troilo, Eduardo Rovira y Ástor Piazzolla. (Está en Internet, no hay que dejar de verlo).

El Quinteto se disolvió en 1968; al año siguiente Laurenz, desde el bandoneón, se puso al frente de otro con la misma conformación instrumental. Lo completaban José Colangelo en piano, Ricardo Walczak en violín, Rubén Ruiz en guitarra eléctrica y Luis Pereyra en contrabajo.

La última actuación de Pedro Laurenz tuvo lugar en 1970, en el Carnegie Hall de Nueva York, al frente de un cuarteto integrado también por Fernando Suárez Paz en violín, Osvaldo Potenza en piano y Julio Rodolfo en contrabajo.

Murió en Buenos Aires, el 7 de julio de 1972.

 

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