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Costantini y la casa de la calle Vilardebó

Costantini y la casa de la calle Vilardebó

La casa de la calle Teodoro Vilardebó 2562, donde tiene lugar la acción de la novela De dioses, hombrecitos y policías, de Humberto Costantini, efectivamente existe, pero poco y nada conserva de la edificación original.

En la novela, allí funcionaba la Agrupación Polimnia / Poetas Asociados de Villa del Parque, que congregaba a escritores domingueros, quienes se reunían todos los miércoles para leer sus respectivos trabajos.

El actual propietario, Norberto Di Napoli, ocupa el inmueble desde el 13 de diciembre de 1983, significativamente tres días después del retorno de la democracia. Es contador público, está próximo a cumplir las bodas de oro y se enorgullece de sus cuatro hijas, todas ellas profesionales.

“Toda mi vida residí en esta zona”, nos dice. Sus padres vivían en la calle Galicia, entre las de Cuenca y Campana, pero un trágico suceso lo apartó de ese lugar. “Yo tenía 57 días cuando mi padre murió a consecuencia de un accidente, y mi madre se trasladó a la vivienda de Argerich 1870”.

Años después, ya padre de familia, vivía a unas cuatro cuadras del inmueble de Vilardebó, en una casa del pasaje Martín Pescador. “Nos quedaba chica, y a mi esposa le gustó este lugar, que se ofrecía en venta. La casa estaba en construcción: lo que estaba puesto era prácticamente la nueva estructura, que constaba de subsuelo, planta baja, planta alta y terraza”, cuenta. En cuanto a la edificación anterior, tenía que haber sido demolida.

“A mi esposa le agrada la arquitectura y tiene mucho talento para hacer y dirigir arreglos, de modo que compramos la casa”, prosigue. La fecha fue también significativa: el 1° de abril de 1982, justamente la víspera del comienzo de la desgraciada aventura de Malvinas.

Finalmente, los cambios que los nuevos propietarios decidieron efectuar en la estructura no fueron muchos: se agrandó el lavadero, se cambió de lugar la puerta de entrada, y se hicieron algunas modificaciones en el dormitorio principal.

Durante el desarrollo de los trabajos, Di Napoli leyó el libro de Costantini, que lo emocionó mucho.

Y nos cuenta que en el fondo “había un pozo como para hacer una pileta”, y que cuando limpiaron esa parte del terreno encontraron un patio embaldosado que era como el descripto en la novela.

Eso no fue todo. Quienes leyeron el libro recordarán el papel beneficioso y decisivo desempeñado por la ninfa a quien la diosa Perséfone, celosa, había convertido en una plantita de menta, sembrada en una de las macetas del patio.

“Cuando empezamos a armar el jardín, descubrimos una maceta rota y una planta de menta que ocupaba un espacio considerable, que seguramente echó raíces cuando se rompió la maceta”, señala Di Napoli.

Subraya que la planta “crece exponencialmente, siempre aparece un nuevo brote”, y asegura: “Nunca la vamos a sacar”.

Agradecemos a Alberto Mariani, cuya ayuda facilitó la realización de esta nota.

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