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 23 de octubre de  2018
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Un trozo de Italia en la Argentina

Un trozo de Italia en la Argentina

El emblemático Palacio Barolo cumple hoy 85 años y lo recordamos reproduciendo el artículo que publicamos en nuestra edición gráfica hace exactamente un lustro, en ocasión de su 80º aniversario.

Ubicado en Avenida de Mayo 1370 y construido por el arquitecto e ingeniero Mario Palanti*, a pedido del empresario textil Luis Barolo, fue inaugurado el 7 de julio de 1923 y hasta 1935, cuando resultó desplazado por el Kavanagh, fue el edificio más alto de Buenos Aires; pero su atractivo principal no reside en esa remota supremacía sino en las particularidades de su arquitectura.

En el Palacio Barolo, leemos en la Guía Cultural de Buenos Aires, “predomina una sucesión barroca de paredes curvas, perforadas de vez en cuando por ventanas y paños vidriados donde la cambiante luz crepuscular puede verse y sentirse como un latido. Ese frente está ornado con balcones circulares, conos, columnas retorcidas, arcos que se repiten como en un juego de espejos, de donde surgen impresiones muy especiales para quien pretenda interpretar subjetivamente este trozo de paisaje de la ciudad. (…) Según arquitectos y urbanistas, el edificio Barolo parece ser un caso raro de diseño integral, ya que desde las fallebas y manijas de las puertas hasta los ascensores fueron especialmente ideados y proyectados por Palanti. Y no sólo proyectados, sino incluso importados: todos los materiales, desde las puertas y los caños hasta el granito de las paredes y columnas, y el mármol de Carrara para los 1.410 peldaños que componen los 236 metros de escaleras, fueron traídos especialmente de Italia”.

El “elefante blanco”, como se ha denominado al Barolo, fue el primer edificio de hormigón armado de la ciudad, una mezcla de estilos, desde lo barroco a lo gótico e incluso con referencias al orientalismo hindú en su cúpula.

En 1997 el Palacio Barolo fue declarado Monumento Histórico Nacional. En él funcionan varias oficinas, agencias de turismo, estudios de abogados y contadores, diversas tiendas y comercios.

En 2012 se estrenó el documental El Rascacielos latino, de Sebastián Schindel, que analiza la historia y las implicancias simbólicas del edificio.

El Palacio Barolo, como símbolo de la arquitectura de Buenos Aires, se vincula con el pensamiento esotérico. En efecto, se sabe que Luis Barolo quiso construir este monumental edificio para albergar las cenizas del gran poeta florentino Dante Alighieri. Estamos en 1923, han pasado pocos años desde la finalización de la Primera Guerra Mundial, y este próspero inmigrante italiano se propuso traer los restos del Dante a la Argentina para salvarlos de las conflagraciones europeas. El Dante encontraría en el Nuevo Mundo un descanso que el Viejo no estaba en condiciones de darle. Barolo encontró en Mario Palanti, arquitecto que pertenecía a la logia La Fede Santa, a un individuo capaz de darle dimensión arquitectónica a su proyecto de recrear en un edificio los principios de La Divina Comedia, poema del inmortal Dante.

Se han trazado múltiples analogías entre el poema y el Palacio Barolo. Este se divide en tres partes que se corresponden con las tres cantigas del poema: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Así, en la planta baja y los subsuelos, está el Infierno con sus gárgolas, dragones y serpientes; entre el primer piso y el décimo cuarto, nos encontramos con el Purgatorio –dos pisos por cada una de sus siete terrazas– y desde el piso quince hasta el veintidós hallamos el Paraíso, que se corresponde con los siete cielos planetarios y la esfera de las estrellas fijas.

El Faro que corona al Barolo representa el empíreo (el cielo de los Nueve Coros Angelicales que gozan de la presencia de Dios). Es lo celestial, lo supremo y lo divino. En los primeros días de junio, a las 19.30, los nueve cielos se alinean con la Cruz del Sur, las cuatro estrellas debajo de las cuales se sitúa la montaña del Purgatorio.

Decía Dante: “Las cuatro clarísimas centellas, que a el alba viste, hundiéronse allá bajo, y estas vinieron de do están ya aquellas” (respetamos la grafía original). Estas cuatro estrellas que se veían por la mañana, en el hemisferio norte, son las que forman la Cruz del Sur. Y es así como el Palacio Barolo, mausoleo para el Dante, tenía un alineamiento respecto de la Cruz del Sur, en las proximidades del solsticio de invierno, en el hemisferio sur; esto a su vez se vincula con el renacimiento de la luz en el solsticio invernal. Citamos otra vez a Dante: “Suspensa así la mente mía, mirando estaba inmóvil, fija, atenta; y en mirar, cada vez más se encendía. De tal modo esa luz a el alma alienta, que su aspecto en variar por otro aspecto, nunca se piense que jamás consienta”.

Pensamos que la luz estelar hacia la cual asciende el Palacio Barolo es la luz divina que deslumbra al Dante en su ascenso al Paraíso. Asimismo, en los cielorrasos hay catorce inscripciones, como por ejemplo las que dicen: “Para que lleve su nombre ante los gentiles” o “Fundada sobre sólida piedra”.

Pero el Paraíso Celestial se nos presenta como una realidad de ultratumba y, si el Palacio Barolo hubiera llegado a ser el Mausoleo del Dante, las cenizas de este se encontrarían en una bóveda central, para la que también se construyó una escultura de bronce de 1,50 m de altura, a fin de que perdurase allí la memoria del Dante junto al edificio en su conjunto.

La arquitectura del Palacio Barolo –esoterismo cristiano mediante– conecta al Buenos Aires del siglo XX con la Italia de los siglos XIII y XIV. La Fede Santa a la que pertenecía Mario Palanti se vincula con los Fieles del Amor, logia de la cual Dante era miembro y en la que perduraba el mensaje cristiano primitivo, destinado a un grupo de iniciados en los misterios de Cristo, antes que el cristianismo se convirtiese en la religión oficial del Imperio Romano y se sustituyese el esoterismo por el exoterismo.

El Palacio Barolo, en clave de La Divina Comedia, nos traslada al viaje real de Dante por los tres planos del mundo: Infierno, Purgatorio y Paraíso.

Por último, una relación entre pensamiento cristiano, catedral medieval, La Divina Comedia y el Palacio Barolo: así como las catedrales medievales traducían en lo arquitectónico, lo escultórico y lo pictórico el pensamiento sagrado del cristianismo, el Palacio Barolo expresa en la arquitectura la estructura general de La Divina Comedia.

Por lo que hemos dicho respecto de la arquitectura del Palacio como por sus implicancias simbólicas, podemos afirmar que el Barolo es un trozo de Italia en la Argentina.

*Mario Palanti construyó también el Palacio Salvo en Montevideo, hermanando así en la arquitectura a ambas ciudades del Plata.

Fuentes consultadas
Alighieri, D. La Divina Comedia, Madrid, Edaf, s/d.
“El edificio y Pasaje Barolo” en Guía Cultural de Buenos Aires, Buenos Aires, 1980, pp. 9-18.
Pogoriles, E. “El Palacio Barolo: la historia de un edificio inspirado por Dante Aligheri”, en Clarín, 7 de julio de 2003.
Reich, R. “Infierno en la Avenida. En días concurridos, el Palacio Barolo desempolva su historia”, en La Nación, 1 de diciembre de 2004.

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