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 22 de agosto de  2018
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Recuperemos a Carlos Gardel

Recuperemos a Carlos Gardel

Se cumplen hoy 85 años de la única actuación de Carlos Gardel en el desaparecido cine Taricco de avenida San Martín y Nicasio Oroño. Dicha actuación formó parte de una extensa gira que el Zorzal realizó en 1933 y que abarcó muchísimas salas de la ciudad y de localidades del Gran Buenos Aires, el interior del país y la República Oriental del Uruguay.

En el cine de La Paternal, Gardel cantó en la función de la noche y lo hizo acompañado por sus guitarristas Horacio Pettorossi, Guillermo Barbieri, Ángel Riverol y Julio Vivas.

No disponemos de información fehaciente acerca del programa que desarrolló en la oportunidad, pero teniendo en cuenta que el gran cantor renovaba constantemente su repertorio y consultando en su discografía las fechas cercanas a esa actuación, no es desacabellado suponer que pudo haber interpretado, entre otros tangos, Naipe marcado, Araca la cana, Si se salva el pibe, Desdén o La uruguayita lucía.

Muchas y diversas actividades se realizaron en los últimos años para recuperar el Taricco, cuyo edificio sobrevive en penoso estado de abandono; creemos que no es menos importante reflexionar sobre la idea de recuperar al gran cantor para el pueblo al que siempre perteneció. A ello pretende contribuir este trabajo.

Tenemos ante nuestra vista un recorte de un ejemplar de La Nación del martes 26 de octubre de 1976. Con el título “Sobre difusión de discos en tres emisoras”se publicó un pequeño suelto cuyo primer párrafo transcribimos: “Pudo saberse que a raíz de una sugerencia de las autoridades de Radio Centro, ha debido reducirse la difusión de discos de diversos artistas nacionales y extranjeros. La medida, que rige desde hace aproximadamente dos semanas en las tres emisoras oficiales que integran Radio Centro –El Mundo, Mitre y Antártida– corresponde a los siguientes intérpretes (...)”.

Viene a continuación una larga lista encabezada por Carlos Gardel, a quien siguen Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Horacio Guarany y José Larralde; más atrás están Sui Generis, Rodolfo Mederos, Arco Iris, Vox Dei, Lito Nebbia, Anacrusa, Luis Alberto Spinetta y sus diversos conjuntos, y muchos otros intérpretes.

Evidentemente, alguno de los alcahuetes de la dictadura conocía el repertorio gardeliano pues, de entre las grandes figuras del tango, el Zorzal fue quien más temas sociales grabó.

No sabemos qué motivó al gran cantor a incluirlos en su repertorio; a lo largo de su fulgurante trayectoria no formuló públicamente declaraciones políticas. Por el contrario, en una entrevista que apareció en el número de diciembre de 1933 de la revista L´Art, de Barcelona, y firmada por F. D’A. Escobet, este le pregunta a Gardel “¿Le interesa a usted la política?”, y la respuesta es categórica: “¡De ninguna manera! Yo entiendo que debe ser norma de los artistas el no interesarse por la política. El artista debe ser apolítico. El artista se debe únicamente al público y no debe tener nunca, creo yo, ningún matiz político”.

Sin embargo, en el número de noviembre de 1931 de la revista Cancionera, de Montevideo, el Zorzal, en un reportaje firmado por un tal Rulam, dice, en el párrafo titulado “Los tangos de su preferencia”: “No podría enumerarlos todos. Ahora me gusta mucho Confesión. Y aunque me gustan todas las piezas que adopto, tengo predilección por Gorriones, Lo han visto con otra, Alma en pena y otros que podría citarles. Tengo pronto y ensayado un tango, Pan, del veterano Flores, que considero extraordinario y casi seguramente estrenaré en una de mis próximas cintas sonoras”.

Resulta significativo que, de los cinco tangos que menciona, dos (Gorriones Pan, ambos con letra de Celedonio Flores y música de Eduardo Pereyra) se destaquen por su fuerte contenido social.

Para el poeta Oscar García, la elección de temas como esos “no fue casual, sino deliberada. ¿Acaso los autores que le arrimaban letras no eran en su mayoría proletarios? Y el éxito de esos tangos radicó en que el pueblo se veía reflejado en ellos”.

Se ha dicho que son los poetas quienes escriben la verdadera historia de los pueblos. En Buenos Aires fueron los poetas populares, y en gran medida los del tango, quienes revelaron en sus versos la real problemática de los barrios humildes.

Y fue Gardel su principal intérprete, a cuyas instancias nació y se desarrolló un arte popular que contó, entre sus méritos, el de consagrar musical y poéticamente a paisajes, personajes y situaciones que constituyeron un componente fundamental de la tan mentada identidad barrial. Su sensibilidad supo interpretar las angustias y los anhelos de los más desvalidos y humillados, que tuvieron en su canto la mejor expresión. Llama la atención la actualidad de esos tangos: basta caminar por las calles del Área Metropolitana para darse cuenta de que, después de ochenta años, la deuda social que Gardel reclamaba en sus interpretaciones lejos está de haberse saldado; en el mejor de los casos se la ha disfrazado y en otros se le ha aplicado una vuelta de tuerca que la hace aún más ominosa.

Resulta imposible, dentro de los límites de este trabajo, referirse a todo el repertorio de esas características que el Zorzal frecuentó; nos concretaremos a las piezas que grabó en ese año de 1933.

Así, al 18 de febrero corresponde su magnífica interpretación de Silencio (que puede apreciarse plenamente en la película Melodía de arrabal). Los versos de Alfredo LePera están inspirados en una historia real: Madame Daumer, esposa de quien fue presidente de Francia entre 1931 y 1932, había perdido cuatro hijos durante la primera gran guerra. Es la misma y desgraciada historia de Lydia Bixby, una viuda de Boston cuyos cinco hijos murieron en la guerra de secesión, y que dio lugar a una célebre misiva de Abraham Lincoln; la que cuenta a su modo Steven Spielberg en Rescatando al soldado Ryan.           

Sin necesidad de clamores ni de consignas, Le Pera hace de este tango un vibrante alegato antibélico, que en su momento fue comparado con Sin novedad en el frente, de Remarque. La letra está estructurada en forma de romance, con versos heptasílabos en la primera parte y hexasílabos en la segunda, manteniendo siempre la misma rima, y con la particularidad de no tener versos agudos. Como es habitual en este autor, no hay tropos brillantes; pero es notable la armonía del conjunto.

Para acentuar el dramatismo de la anécdota, el poeta la integra a un ciclo vital del que señala, como al pasar, el balance atroz: cinco chapas de metal por otras tantas vidas. Y le añade un toque clasista: eran vidas de obreros. (“…se quedó muy sola / con cinco medallas / que por cinco héroes / la premió la patria”).

Catorce días después, el 22 de febrero de 1933, lleva al disco Acquaforte, con música de Horacio Petorossi y letra de Carlos Marambio Catán, quien cuenta que se inspiró en una experiencia que ambos compartieron en un cabaret de Milán, donde el guitarrista de Gardel le tarareó la melodía. “(…) había observado la poca atención que nos daban las mujeres que atendían al público, se me ocurrió que ello se debía a que ya estábamos viejos o por lo menos avejentados y me puse a desarrollar un tema que es la descripción del cuadro que esa noche presenciamos en el Cabaret Excelsior (…)”.

Según su relato, la publicación del nuevo tango fue prohibida por la censura italiana “porque era una canción anarquista”, pero gracias a las gestiones de “un cura tangómano amigo de Petorossi” y “después de muchas vueltas y vueltas” lograron “el asentimiento de las autoridades” con “la condición de que el título debía llevar la aclaración Tango argentino, porque decían que lo que se describía en esa letra no ocurría en Italia”.

En esta letra, Marambio emplea con habilidad el recurso del contraste, hasta entonces poco frecuentado en el tango: ya en la primera parte, menciona la “triste fiesta”. Pero es en la primera cuarteta de la primera bis (no casualmente la más famosa) donde el contraste se acentúa: el despilfarro se contrapone al hambre, la frivolidad al trabajo; en un mismo personaje conviven la mezquindad y el derroche, la insensibilidad y la ostentación. (“Un viejo verde que gasta su dinero / emborrachando a Lulú con su champán / hoy le negó el aumento a un pobre obrero / que le pidió un pedazo más de pan”).

Ese mismo día graba Al mundo le falta un tornillo, con letra de Enrique Cadícamo y música de José María Aguilar. En este tango, el prolífico autor muestra su eclecticismo incursionando en el grotesco discepoliano. Las miserias de la realidad son expuestas a través de un humor robusto e irreverente, no desusado en la época, y que sólo Gardel expresó cabalmente. (“Si habrá crisis, bronca y hambre / que el que compra diez de fiambre / hoy se morfa hasta el piolín”). 
Y vale la pena consignar que en 1933 –precisamente el 12 de junio– durante el gobierno del general Agustín P. Justo, surgido de elecciones fraudulentas en las que los candidatos radicales fueron vetados, le graba a Homero Manzi (por entonces militante yrigoyenista, abiertamente enfrentado al régimen y vinculado incluso a grupos que intentaron ese año un levantamiento armado en Paso de los Libres) laMilonga del 900, que lleva música de Sebastián Piana y una de cuyas estrofas expresa: “Soy del partido de todos / y con todos me la entiendo / pero váyanlo sabiendo / soy hombre de Leandro Alem”.

Años después, Hugo del Carril grabó esa pieza cambiando el último verso citado por “yo soy un hombre de bien”.

El ciclo social de ese año se cierra con Al pie de la Santa Cruz, con letra de Mario Battistella y música de Enrique Delfino, grabado el 18 de septiembre. Sin medias tintas, el tango denuncia la violencia ejercida por el Estado contra los trabajadores en huelga por las reivindicaciones más básicas (“Declaran la huelga, hay hambre en las casas / es mucho el trabajo y poco el jornal. / Y en ese entrevero de lucha sangrienta / se venga de un hombre la ley patronal”).

La historia se centra en el momento en que el protagonista, con los pies engrillados, es embarcado en “la nave maldita” que habrá de llevarlo a la cárcel de Ushuaia. Al respecto se ha dicho que, a partir del título, hay en este tango un significativo doble sentido, pues la Santa Cruz a cuyo pie reza la madre del protagonista podría aludir al nombre del barco encargado del transporte de presos a ese penal.

Cabe señalar que en 1949 la orquesta de Alfredo de Angelis con la voz de Carlos Dante grabó este tango reemplazando los versos anteriores por los siguientes: Estaban de fiesta, corría la caña / y en medio del baile la gresca se armó. / Y en ese entrevero de mozos compadres / un naipe marcado su cara mostró”.

Los tangos citados constituyen sólo una parte mínima del repertorio social gardeliano, que a pesar de su extensión y de su calidad no goza del reconocimiento debido. Lo cierto es que al Zorzal (como al tango en general) se lo difunde poco y mal, recurriendo a los temas más superficiales y envejecidos y contribuyendo a crear e instalar una imagen tan convencional como anacrónica.

En su poema Gardel, Mario Jorge De Lellis dice que “el pueblo lo quería por ser pueblo”. Creemos que a ese pueblo le corresponde rescatar a su Cantor del lugar donde sólo es venerado por sus fieles aficionados (que no son pocos) y ubicarlo en el de privilegio que merece como uno de los principales creadores de nuestra cultura y sensible intérprete del drama de nuestra sociedad.

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