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 24 de noviembre de  2017

1 de diciembre de 2013

DÍA HISTÓRICO PARA LOS SUBTES PORTEÑOS

Cumple 100 años la línea A

Por Miguel Ruffo


El 1 de diciembre de 1913 se inauguró la línea A de subterráneos, primera no sólo de América Latina, sino también del mundo de habla hispánica y del hemisferio sur.

A principios del siglo XX Buenos Aires se había convertido en el centro económico y político –cabecera portuaria y ferroviaria– de la economía capitalista agroexportadora. La otrora “Gran Aldea” era ahora la principal metrópoli sudamericana. Si en 1903 vivían en ella unos 895.381 habitantes, para 1913 se habían incrementado a 1.457.885. Para tamaña población –y su expansión geográfica– era necesario un nuevo sistema de transporte en la ciudad. Ese transporte sería el tranvía, tanto en su modalidad de superficie como subterránea.

La línea A de subterráneos constituyó una manifestación de la modernización urbana. Pocos días antes de su inauguración, el 28 de noviembre de 1913, la revista Caras y Caretas señalaba: “Desde la época en que los tranvías a caballo salían de la ‘Agencia Central’ en la calle Cuyo 34 para terminar su recorrido en la Plaza del Once, sólo han pasado cuarenta y tres años, y, sin embargo, tan grande ha sido el desarrollo de la metrópoli en ese tiempo –insignificante en la vida de un pueblo– que a salto de gigante hemos pasado de los 24 coches que ‘corrían’ entre las siete de la mañana y las once de la noche, al grandioso subterráneo que dentro de dos días se inaugura, en los que ‘volarán’ trenes innumerables cada tres minutos y de los que, en la estación Congreso y en la estación Once, se podrá combinar con las múltiples líneas que constituyen la notable red de tranvías a nivel con que ya cuenta Buenos Aires”.

La ciudad de los tranvías, como se denominó a la capital, ahora tendría el primer tranvía subterráneo. Era una conquista más de la idea de progreso de la generación del 80 – burguesía terrateniente y financiera– que se había lanzado a la “modernización del país”. Era, como le gustaba manifestar al periódico La Prensa, una expresión más de un “país joven que redimía al proletariado de los pueblos viejos”.

El tramo “Plaza de Mayo-Plaza Miserere” fue el primero que cubrió la línea A. En abril de 1914 se prolongó hasta la estación Río de Janeiro y en julio del mismo año, a la estación Caballito, denominada luego Primera Junta.

La Nación del 27 de octubre de 2013, en un artículo de Mauricio Giambartolomei, dice: “El primer subterráneo partió a las 15.25 y la comitiva estuvo encabezada por Victorino de la Plaza, en ejercicio de la presidencia, porque Roque Sáenz Peña estaba muy enfermo. En la estación Congreso hubo una parada. Luego siguieron viaje hasta la estación Once, donde los esperaba un importante lunch. Esta fue una de las principales vías de comunicación que unían el centro de la ciudad con el ferrocarril del Oeste, según recordó el historiador Daniel Balmaceda”.

Entre las unidades utilizadas se encontraban 46 coches de fabricación belga La Brugeoise. Eran de madera y poseían dos puertas de doble hoja para el acceso desde los andenes. La apertura y el cierre de las puertas era manual. Cada unidad tenía motores de 115 HP y podía alcanzar una velocidad de 50 km/h. Estos históricos coches fueron dados de baja el 11 de enero de 2013. Hoy ya son parte de la historia y del patrimonio urbano.

El Gobierno de la Ciudad tiene planificado realizar hoy con los vagones Le Brugeoise un trayecto entre las estaciones Plaza de Mayo y Plaza Miserere.

Sin embargo, no se trata de preservar sólo unos pocos coches con los cuales se realicen viajes turísticos en horarios especiales. Es necesario preservar la totalidad de la flota. Pensamos que algunos vagones podrían ser destinados a la Asociación Amigos del Tranvía; otros podrían terminar recalando en el Museo del Transporte, que es parte del Complejo Museográfico Histórico y Colonial de la Provincia de Buenos Aires Enrique Udaondo, en la localidad de Luján; podrían instalarse otros en plazas y parques, para que sean visitados por los porteños y no para fundamentar negocios en los espacios públicos, como podría ser si se los utilizara para los bares que el Gobierno de la Ciudad pretende instalar en los parques urbanos.
No se debe permitir el desguace de estos históricos coches, ni perderse el testimonio y la memoria que circula entre ellos. Por eso es importante su preservación, el proyecto de restaurarlos y su anclaje en la memoria, no sólo de los porteños, sino de todos los argentinos.

En este sentido celebramos la medida cautelar de la jueza Elena Liberatori, por la cual se dispone la preservación del conjunto de la flota, de acuerdo con el proyecto de la legisladora de la ciudad María Rachid (FPV).

En todo caso que estos cien años de la línea A de subterráneos sirvan no sólo para recordar las transformaciones de Buenos Aires a principios de siglo, sino también para el desarrollo de la conciencia patrimonial, y no para dar lugar a negocios contrarios a un espíritu comprometido con la historia de la ciudad.

 

Fuentes consultadas

Línea A (Subte de Buenos Aires) en Wikipedia.

Giambartolomei, Mauricio. "La historia vuelve a rodar. Restauran los viejos vagones de la Línea A de subtes", en La Nación, 27/10/13.

 

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