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 18 de noviembre de  2017

10 de diciembre de 2008

NUESTRO LIBRO DEL MES: LEY DE TRABAJO DE MUJERES Y MENORES

Cien años después

Por Vanesa Kandel

La Ley 5291, sancionada en 1907 por el Congreso de la Nación, fue el fruto de una larga disputa entre sectores diversos del arco político y sindical de la época, y constituye el tema central del libro Ley de Trabajo de Mujeres y Menores. Un siglo de su sanción. La doble opresión: reconocimiento tácito, de Ester Kandel (Bs. As, Dunken, 2008).


En sus páginas, la autora presenta y analiza el debate parlamentario en torno al proyecto de ley (en el cual jugó un rol destacado Alfredo Palacios, primer diputado socialista de Argentina), así como sus repercusiones en el seno de la clase trabajadora organizada, para lo cual se apoya en la reproducción textual de numerosos documentos oficiales y de artículos de los periódicos La Vanguardia (órgano de prensa del partido de Palacios) y La Protesta (anarquista), principalmente.
Entre los antecedentes de la ley en cuestión, sobresale, sin duda, el aporte de Gabriela Laperrière de Coni, militante feminista que adhirió primero al Partido Socialista y más tarde al sindicalismo revolucionario. En 1902, como inspectora ad honorem de establecimientos industriales de la ciudad de Buenos Aires, Laperrière de Coni realizó un importante relevamiento y posterior informe acerca de la situación de las mujeres y los niños proletarios en el distrito porteño, y redactó luego un proyecto de ley de protección del trabajo de mujeres y menores que sirvió como base para aquel finalmente presentado en el Parlamento por el diputado Palacios en 1907.
El 6 de agosto de 1903, el Centro Socialista Femenino organizó una conferencia en el salón de Unione e Benevolanza, en el centro porteño, en la cual Laperrière de Coni expuso sus propuestas ante un auditorio mayoritariamente femenino. “Excluyendo a los menores de 15 años, existen seis mil mujeres empleadas en talleres industriales (...)”, señaló. Y alegó, contundente: “Ya que no habrá en el Congreso una voz femenil para elevarse a favor de los obreros cuando allí se legisle sobre la protección de su trabajo, desearía recordasen los señores diputados que la mujer proletaria sufre en todas las entidades que nos hacen gozar a nosotros. Criatura es ya carne del trabajo; niña a menudo carne del placer; esposa agobiada por la tarea; madre, en vez del hijo, alimenta con su sangre a la industria (...)”.

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